Con una red de vecinos que donan materiales y una comunidad que crece cada año, Romina Palma convirtió lo que muchos tiran como basura en un ejemplo de moda con conciencia ambiental.

Después de cada tormenta en Buenos Aires, el paisaje urbano se repite: paraguas torcidos, dados vuelta por el viento o abandonados al lado de un contenedor. Para la mayoría son basura. Para Romina Palma, en cambio, son materia prima.

Diseñadora sostenible y creadora de Cazaparaguas, Romina lleva años recorriendo la ciudad con una mirada distinta: donde otros ven un objeto roto, ella ve una campera, una mochila o una prenda impermeable.

“Si hay algo que me encanta es caminar por la ciudad después de la lluvia y encontrar una reliquia que para alguien es basura”, cuenta la emprendedora a TN.

Su historia con el reciclaje empezó mucho antes de que los paraguas entraran en escena. Nació en Comodoro Rivadavia, en Chubut, una ciudad donde el viento fuerte hace casi imposible usar paraguas. Creció en un entorno donde reutilizar era una práctica cotidiana.

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